Adopción y usos de la inteligencia artificial generativa

Nota de contexto

Este texto se basa en respuestas redactadas originalmente para una entrevista con Les Échos, realizada el 25 de septiembre de 2025.
Las respuestas han sido ligeramente reorganizadas para formar un artículo coherente, conservando el fondo y el tono del intercambio original.

1. ¿Cómo observa la evolución de la adopción de la IA generativa (IAG) en la vida privada de las personas en los últimos años?

La rapidez de la evolución es impresionante. Hace apenas tres o cuatro años, estas tecnologías se percibían como herramientas de laboratorio, reservadas a un público especializado. Hoy se han integrado en la vida cotidiana, a veces sin que nos demos cuenta: escribir un correo, generar una imagen, resumir un documento o preparar una presentación.

Sigo siendo muy prudente con el término inteligencia artificial. Es un término fascinante, pero engañoso. Funciona un poco como la expresión muerto viviente en la ficción: todo el mundo cree saber lo que significa, pero no ayuda realmente a comprender de qué se trata. Atrae, impresiona y, al mismo tiempo, genera confusión.
Por un lado, se dice "no es una verdadera inteligencia", como para proteger la singularidad humana. Por otro, "la IA lo hace todo en lugar del ser humano", como si el esfuerzo desapareciera. Estas visiones extremas suelen ser fantasías y reflejan, sobre todo, un desconocimiento del funcionamiento real de estos sistemas.

2. ¿Qué motiva a las personas a utilizar estas herramientas fuera de cualquier contexto profesional?

La facilidad de uso suele mencionarse en contextos profesionales o educativos: ahorrar tiempo en el trabajo o aligerar la carga en casa. De hecho, hoy en día, un "buen" ejercicio para un estudiante debería diseñarse teniendo en cuenta que puede utilizar una IAG.

Fuera del ámbito profesional, las motivaciones son distintas. La curiosidad es fundamental: probar una herramienta que intriga, pedir una reformulación o explorar un tema, más que buscar información directamente.
También está la creatividad: personalmente, no sé dibujar, pero una IAG me permite dar forma a ideas que nunca podría representar por mí mismo.
Por último, existe una dimensión psicológica: superar el bloqueo de la página en blanco, atreverse a iniciar un proyecto creativo y sentirse acompañado por una herramienta que no juzga.

3. ¿Qué beneficios concretos e inmediatos aportan las IAG a las actividades cotidianas?

Soy muy optimista en este aspecto. Como cualquier herramienta, las IAG tienen defectos, pero su potencial es enorme. Permiten organizar ideas más rápidamente, estimular la creatividad y ayudar en tareas cotidianas.

Soy especialmente sensible a su potencial inclusivo. Estas herramientas pueden ayudar a personas con trastornos cognitivos o del lenguaje, apoyar a personas con discapacidad visual o auditiva, y acompañar a personas mayores con problemas de memoria.
De forma más sencilla aún, democratizan usos como la traducción: un texto se vuelve comprensible para alguien que no conoce el idioma.

Otro beneficio importante es la divulgación. Se puede pedir a una IAG que explique un concepto complejo con palabras accesibles: un diagnóstico médico difícil, un artículo de investigación especializado o una noción técnica oscura. Es una herramienta valiosa para comprender y transmitir.

4. ¿Qué vulnerabilidades personales surgen con la integración masiva de las IAG?

La primera vulnerabilidad es la de los datos: no siempre se es consciente de que lo que se escribe en una IAG puede ser almacenado y reutilizado.
La segunda es la dependencia cognitiva: delegar en exceso puede llevar a perder ciertos hábitos de esfuerzo intelectual.

Existe también una vulnerabilidad más social: la soledad. Algunos estudios muestran que ciertos usuarios desarrollan una dependencia afectiva hacia agentes conversacionales. Esto puede crear la ilusión de un vínculo humano, pero con el riesgo de aislar aún más a personas ya vulnerables.

5. ¿Cómo evalúa el impacto de las IAG en la capacidad para distinguir lo verdadero de lo falso?

No observo una ruptura radical. Como ocurrió con Internet o con Wikipedia, hay un antes y un después. Lo que cambia principalmente es nuestra relación con el esfuerzo. Tal vez la verdadera diferencia con las IAG sea nuestra propia pereza: tendemos a confiar porque es fácil, porque "suena bien".

Estas herramientas producen respuestas convincentes, incluso cuando son falsas. Ahí reside el peligro. Sin embargo, también pueden reforzar el pensamiento crítico si aprendemos a interrogarlas, comparar fuentes y contrastar información. Todo depende de la formación de los usuarios.

6. ¿Modifican las IAG nuestra relación con el esfuerzo cognitivo y la creatividad personal?

Sí, la modifican, pero más bien la transforman que la eliminan. Ya no "producimos" directamente, sino que "hacemos producir".

En programación, por ejemplo, se puede programar mucho más rápido con una IAG, pero solo si se entiende cómo funciona el código. La herramienta amplifica las competencias existentes, no las sustituye.

Como docente, también observo que esto nos obliga a reflexionar más sobre la comunicación: ¿cómo ser mejor comprendidos? Para utilizar eficazmente una IAG, es necesario pensar con claridad, estructurar bien la demanda y desarrollar una pedagogía de la precisión.

7. ¿Observa disparidades de uso o de dominio según los públicos?

Sí, estas disparidades ya existen y son significativas. Los jóvenes, y especialmente los estudiantes, adoptan estas herramientas con rapidez y soltura. En cambio, algunas generaciones mayores o personas poco familiarizadas con la informática encuentran más dificultades.

El nivel educativo también desempeña un papel clave: cuanto más acostumbrada esté una persona a leer, escribir y estructurar ideas, más provecho sacará de estas herramientas. El acceso material sigue siendo determinante. Para las personas con discapacidad, el acompañamiento es esencial para que la IA sea un factor de inclusión y no una barrera adicional.

8. ¿Existe el riesgo de que las IAG agraven la brecha digital?

No necesariamente. Lo veo con personas que siempre han tenido dificultades con la informática: las IAG a veces les permiten "romper" el ordenador. Se abandona la relación intimidante teclado/pantalla para volver a algo más natural: la conversación.

Esto no significa que la interacción humano-máquina sea equivalente a la interacción humana. No lo es, y por eso sigo siendo prudente con el término inteligencia artificial.
Sin embargo, la impresión de una presencia benévola y tranquilizadora es real y facilita la adopción. Aunque sin duda aparecerán nuevas brechas, relacionadas con la calidad de las herramientas o el acceso a ellas, creo que estas tecnologías también pueden reducir ciertas barreras y abrir el mundo digital a públicos hasta ahora excluidos.