¿De qué es ciencia la informática?

«¿En qué trabajas?»
«En informática.»
«Ah, entonces eres un tecnófilo. Sin la física y la electrónica no podrías hacer nada.»
«No exactamente. La informática es una ciencia.»

¿De qué es ciencia la informática?

Es una pregunta que puede surgir al conversar con un profesor de matemáticas, un ingeniero informático o incluso con la abuela Josette durante la comida del domingo. Y aunque pueda parecer divertida, merece una respuesta seria; de lo contrario, ¿cómo justificar nuestros largos trabajos de investigación, encerrados en laboratorios?

La pregunta puede hacer sonreír, pero no tiene nada de anecdótica.

Citemos, en contraste, a Hal Abelson:

«La informática no trata realmente de los ordenadores, del mismo modo que la física no trata solo de aceleradores de partículas, ni la biología de microscopios y placas de Petri, ni la geometría de instrumentos de agrimensura.
La razón por la que creemos que la informática trata de ordenadores es prácticamente la misma por la que los egipcios creían que la geometría trataba de instrumentos de agrimensura: cuando un campo está en sus inicios y aún no se comprende bien, es fácil confundir la esencia de lo que se hace con las herramientas que se utilizan.»

¿Una ciencia aplicada a la máquina?

La principal objeción, a mi juicio, al carácter científico de la informática proviene de la asociación casi sistemática entre informática y ordenador. Sin embargo, a diferencia del inglés, el término francés remite al tratamiento automático de la información (information + automatique), y no a la ciencia de los ordenadores (computer science), aunque el término informatics también existe.

Esta objeción sigue siendo frágil, ya que la informática estudia efectivamente sistemas de información, tanto artificiales (como los ordenadores) como naturales.

Incluso si la informática se limitara a la aplicación de algoritmos sobre una máquina, ello no bastaría para invalidar su carácter científico. Además, esta disciplina irriga otros campos: la bioinformática o la física fundamental, por ejemplo, se basan en modelos computacionales. Las simulaciones obtenidas suelen ser muy cercanas a los fenómenos estudiados, sin que por ello pierdan pertinencia ni se conviertan en algo “puramente construido”.

¿Más una técnica que un arte?

También se puede sostener que, en los años cincuenta, los pioneros de la informática creyeron en una revolución que no lo era realmente, y que el término adecuado sería más bien tecnología de la información (IT). Desde esta perspectiva, solo emergerían la técnica o el arte, nunca la ciencia propiamente dicha.
Los aspectos llamados “científicos” dependerían entonces de las matemáticas aplicadas, o marginalmente de la electrónica o la física.

Para superar esta crítica, es necesario volver a la cuestión fundamental de la informática. En Computing as a Discipline (1989), se formula así:

«¿Qué puede automatizarse de manera eficaz?»

La informática combina ciencia, ingeniería y matemáticas en un equilibrio singular. Pero su fundamento permanece fiel a una concepción clásica (baconiana) de la ciencia: formular hipótesis, ponerlas a prueba y conservar los modelos explicativos que resisten la experiencia para comprender mejor el mundo.
Este es precisamente el terreno de la informática teórica.

¿Ciencia de qué, entonces?

Siempre se puede discutir la noción misma de ciencia, distinguir entre ciencia fundamental y ciencia aplicada, u oponer ciencias duras a ciencias humanas (aunque comprender las restricciones de un proyecto dependa a veces más de la psicología que de un análisis estrictamente formal).

Sin embargo, los ejemplos de un enfoque decididamente “informático” son numerosos:

Aquí nos encontramos plenamente dentro de lo que se espera de una ciencia exacta.

Queda entonces la cuestión de los fundamentos:
¿a qué leyes o a qué grandes preguntas deben vincularse las distintas ramas de la informática?

El ejercicio es delicado, pero lejos de ser imposible.

Del mismo modo que la física se divide en termodinámica, mecánica de sólidos o electromagnetismo, la informática gana al ser abordada de forma transversal. Siguiendo la clasificación propuesta por P. Denning, pueden distinguirse las siguientes subdisciplinas:

Automatización

Computabilidad

Comunicación

Diseño

Interacción

¿No estás convencido?

No eres el único. Esta conclusión no es unánime entre los informáticos.

Algunos, como Abelson, Sussman o Dijkstra, procedentes de una fuerte tradición matemática, prefieren vincular la informática a las matemáticas y rechazan el término ciencia.
Otros, más tecnófilos (Zuckerberg o Graham, por ejemplo), prefieren hablar de arte o tecnología.

Sin embargo, a mi juicio, la introducción del aprendizaje de la informática desde edades tempranas, en la escuela (¡por fin!) o como afición, conduce progresivamente a una revisión de estas posturas. El lugar central que ocupa hoy la informática empuja cada vez más a los practicantes a experimentar y, por tanto, a adoptar una lectura cada vez más científica de la disciplina.